23 febrero 2010

El placer de viajar

En una ocasión una persona muy especial para mí se sorprendió cuando le dije: "no me gusta viajar".
Era una verdad con matices. Lo que en realidad quería decir era: "he viajado mucho y ya no me motiva seguir haciéndolo por obligación"
Viajar es una experiencia maravillosa. Hacerlo despacio, saboreando los lugares. Callejear, caminar sin rumbo fijo, sin mirar el reloj y sin programa.
Hay tantos sitios que descubrir. Tantos lugares en los que confundirse con la gente, sentarse en una terraza al sol y ver pasar la vida despacio.
Pero no siempre uno puede hacer lo que quiere. ¡Qué novedad!
De modo que habrá que seguir con las interminables esperas en los aeropuertos. Esos lugares cada vez más grandes y mas deshumanizados en los que ponen a prueba tu forma física recorriendo grandes distancias, haciendo estúpidos ziz zags entre cintas aunque estén vacías lo que llega a hacerte pensar si no hay alguien que te está cronometrando detrás de las cámaras de seguridad.
Habrá que seguir soportando esos incómodos controles y a ese, no siempre, amable personal que nos maneja como a ovejas a las que vayan a trasquilar. Esas incomprensibles normas que hacen que en un aeropuerto te debas descalzar y no en el siguiente, que convierten una raqueta de tenis (lee esto) en un arma mortal, que no dejan que lleves un envase de 125 ml pero que no impiden que si lo hagas con 2 ó 3 de 100 ml mismo tiempo ...

¡COMO ECHO DE MENOS UN BUEN VIAJE!


08 febrero 2010

El tren.

Tren. chanclas.

Abrió los ojos.
Solo se oía el leve zumbido que producen los trenes cuando están parados.
El asiento, a su lado, estaba vacío, como el resto del vagón. Ella no estaba.
Desorientado, creyó estar soñando un sueño de trenes.
Miró por la ventanilla. El tren estaba detenido pero él no conocía aquella estación.
De pronto creyó reconocerla al otro extremo del anden.
La llamó pero su voz no atravesó el grueso vidrio. Golpeó el cristal pero ella siguió su camino.
Se puso de pie y saltó del tren. La alcanzó. Tocó su hombro.
Se volvió y su mirada, interrogante, mostró extrañeza.
"Perdón, la he confundido con otra persona", dijo.
Al volver la cabeza la vio. Estaba en el vagón. Su cara pegada a la ventanilla del tren que aceleraba.
Le pareció verla sonreír mientras el tren se alejaba de aquella estación sin nombre.

06 febrero 2010

Bachata rosa

El laberintico recorrido por pasillos subterraneos desembocó en una sala iluminada por una fría luz de fluorescentes.
Una puerta con el simbolo atemorizador de la radiación y el contrapunto de una amable enfermera.
Unas apresuradas palabras de cariño, de aqui te dejo tu casette para que puedas escuchar la música que te gusta y no se te haga largo. Un beso, dos, tratando de no mostrar angustia mientras de un vistazo haces la fotografía de la sala de radiacion. Luego la espera. El "todo va a salir bien, seguro".
Han pasado apenas un par de años desde que José Carreras ha superado su leucemía. Hoy esa palabra tan terrible ya no tiene el mismo poder, seguro. Seguro que todo va a salir bien, seguro, seguro.
Además dicen que hay un nuevo tratamiento, lo llaman células madre.
Seguro que todo saldrá bien, seguro.
Después aquella larga semana mano a mano contigo. Los dos cerrados en aquella habitación en la que solo se asomaban un breve momento enfermeras cubiertas de pies a cabeza. Eran nuestro contacto con el mundo exterior. ¡Que despacio pasaban las horas!
Tantas cosas tuyas habiamos preparado para que no se te hiciese larga la estancia y que ni siquiera usaste.
La lucha de tu cuerpo con tus nuevas celulas ganó la batalla. Lastima que no ganase la guerra.
Hoy no puedo evitarlo y la Bachata rosa me sigue empañando los ojos.
Te regalo una rosa.