30 marzo 2010

Todo es nuevo en Nueva Montaña.


Era un poco nuestro belén.
¡Vaya dos! Un padre agnóstico hasta las cejas y un hijo de... ¿cuantos años tenías 6, 7 ? al que no hacía falta adoctrinar porque venía de serie.
Sin embargo cada año nos escapábamos, siempre por la noche a ver el belén. Era un belén diferente, con figuras grandes de madera pintada como recortables gigantes. Los escasos focos silueteaban con igual imperfección al San José que a las ovejas pastando la hierba del cuidado jardín que la rodeaba.
Aquellos fugaces instantes que pasábamos allí se me quedaron grabados. Eran uno de esos raros y escasos momentos que yo sentía nuestros. Cuanto me gustaría saber que significaron para ti.

El barrio se llamaba, aun se llama, Nueva Montaña.
Zona de marismas ganadas a la bahía de Santander en las que se asentó una industria de fundicion NUEVA MONTAÑA QUIJANO.
Y "mi belén" estaba en su iglesia.
Barrio de trabajadores que hicieron su vida alrededor de aquella fabrica que dio trabajo a varias generaciones.
Hoy la fabrica ha cambiado de nombre pasando a tener uno de esos de multinacional que tanta intranquilidad produce algunas veces porque uno ya no sabe muy bien quien es su dueño.
¡Qué tiempos aquellos en los que uno conocía la cara de su patrón!.
La ciudad se fue acercando tanto al humilde barrio que inevitablemente resultó engullido por ella.
Y como suele suceder en estos casos, una gran empresa, esa que nos anuncia cuando es primavera, pensó que era muy buen lugar para situarse.
El ansia de modernidad mal entendida que enloquece a nuestros dirigentes hizo que la iglesia, y mi belén, sucumbiesen a la excavadora. De nada valieron las protestas de aquellas gentes que durante cincuenta años dieron entre sus muros la bienvenida al mundo a los recién llegados, se casaron y de allí salieron entre promesas de cielos y resurrección de la carne.
Eran pocos y mayores y no entendian.
Todo debía ser nuevo, el centro comercial, el barrio...las personas.
Ahora una nueva construcción se está levantando. Moderna, funcional, vanguardista.
Es como si fuese obligado empezar de cero. Como si hubiese que resetear la memoria colectiva.
Definitivamente aquellas sencillas figuras de contrachapado pintado no quedarán bien en esta iglesia tan guay. Y a nosotros dos no nos van a echar de menos, Lucas.

27 marzo 2010

Tiempo en sepia

Seguro que era fiesta. Los vestiditos de las niñas, los blancos calcetines de aquellos infantiles pies embutidos en blancos zapatos repasados cuidadosamente con crema Kanfort antes de salir de casa. La pequeñita con capota y las coquetas trenzas con lazitos de la mayor.
Tiempos dificiles de pocas cosas y bastante hambre.
No había Dragon Khan pero unos instantes compartiendo sitio en la moto del orgulloso familiar eran motivo de ilusión y hasta una experiencia para presumir.

Me gusta abrir de vez en cuando el libro de la memoria, aunque procuro no manosear demasiado mis recuerdos por temor de que de tanto poner mis dedos sobre las viejas imágenes lleguen a desgastarse y se hagan dificilmente reconocibles.

23 marzo 2010

El bosque.

El bosque. chanclas.

Ando buscando un bosque.
El bosque del olvido,
donde abandonar
los agravios,
las penas,
los desengaños.
Si al pie de uno de sus frondosos habitantes me duermo,
quizas consiga olvidarme de mi mismo.

12 marzo 2010

La Hoja Roja

Te descubrí en mi adolescencia curiosa y lejana con aquella maravillosa novela de soledades compartidas.
Aquella "Hoja Roja" de historias tristes, contadas con tu lenguaje claro, transparente y humilde me atrapó y se grabó en la memoria de los dias que habrian de venir.
Muchos años mas tarde fué la "milana bonita" de tus "Santos Inocentes". Entrañable e inolvidable Paco Rabal al que ya nunca podré separar del inocente Azarias.
Y entremedio tantas y tantas obras de tu magistral prosa que otros, con más conocimientos y oficio se encargarán de glosar merecidamente.
Esta mañana al conocer tu anunciado adiós a la vida no he podido por menos que recordar a aquél viejo Eloy de tu novela, desubicado y angustiado, viviendo de sus recuerdos, apurando hoja a hoja ese librito de papel de fumar, días de nuestra vida. Siempre temeroso de la aparición de la inevitable hoja roja que nos anuncia la cercanía del fin.

Miguel Delibes, nos has dejado pero seguiremos imaginando tu presencia en cada silueta recortada por el sol del atardecer en los anchos campos de la Castilla que tanto quisiste.

Descansa en paz.


02 marzo 2010

Los Neandertales necesitan verse para entenderse


Mientras preparaba unos espaguetis en esa mañana de sol del domingo y con la radio por compañía escuché a un paleontólogo que decía que los hombres de Neanderthal necesitaban verse para entenderse.
Coño, me dije, ¿cómo habrán llegado a saberlo?
Cuando se oyen tales o cuales teorías sobre los que pasaron por aquí antes que nosotros pienso en cuanto no habrá de imaginario en lo que nos cuentan los antropólogos, paleontólogos o cualquiera de esas especialidades que buscan en nuestro pasado remoto explicaciones de nuestro ser y nuestro comportamiento.
Los Neandertales están ahora de moda ya que parece que algunas de las teorías comúnmente aceptadas sobre su comportamiento primitivo y simiesco y sus limitaciones se han derrumbado.
Pero volviendo a lo de verse para entenderse, tampoco me parece especialmente raro que fuese así porque no me imagino a estos colegas de hace 50.000 años contándose como les había ido el día por carta.
Como mucho alcanzo a imaginarlos dándose gritos en la distancia lo que tampoco resulta demasiado motivador.
En nuestro tiempo cada vez impera mas el lenguaje no verbal lo que no me parece mal siempre que no olvidemos por ello el lenguaje corporal.
Aplicamos en exceso los ideogramas, iconos, signos y sonidos que lo mismo nos indican cuando cruzar un paso peatones, donde podemos o más bien no podemos dejar nuestro carro o que nos advierten de que no nos llevemos algo sin pagar de una tienda que nos están viendo.
Los intentos de implantar las videollamadas, los moviles en los que puedes ver a tu interlocutor, no han tenido mucho éxito. No es una cuestión tecnológica sino de falta de demanda, pienso. No hay interés en ver al que está al otro lado o más bien no hay interés en ser visto.
Creo que sigue siendo interesante ser algo Neandertal. Uno se entiende mejor cuando ve la cara de su interlocutor, porque una mirada a los ojos sigue siendo mas explicita que muchas palabras.